El Misterio Pascual: La alegría de una nueva vida

Yo soy un sacerdote alegre. La mayor parte del tiempo tengo una sonrisa en mi cara. ¿Por qué? ¡Porque soy amado por Dios! Porque soy amado por Dios vivo alegremente el Misterio Pascual.

¿Qué es el Misterio Pascual? En un panorama amplio se refiere a la Cuaresma y la Pascua. La Cuaresma son los 40 días de preparación para la Pascua, y la Pascua es vivir toda una vida de alegría y felicidad con el Señor Jesús Resucitado. Para los católicos, generalmente se refiere a la vida (sufrimiento), la muerte y la resurrección de Jesucristo. Veamos brevemente cada uno de estos tres aspectos del Misterio Pascual.

La vida está destinada a ser buena, normal y ordinaria, con trabajo y juego. Jesús dice «sígueme» y eso incluye dificultades, malentendidos y sufrimiento. Lo último es lo que no nos gusta. Olvidamos que el sufrimiento es principalmente crecimiento, incluso cuando no nos gusta. Es el resultado del pecado original, esa primera caída. A menudo es porque somos egoístas y queremos nuestro camino, no la voluntad de Dios. El egoísmo disminuye nuestra verdadera felicidad. Decidimos conformarnos con una bonita emoción temporal sobre la verdadera paz y satisfacción. Casi siempre el sufrimiento es natural. Algunos ejemplos son: un bebé que cae muchas veces para aprender a caminar; un estudiante que estudia duro para aprender matemáticas o para aprender a cocinar y otras habilidades para la vida; un accidente automovilístico —claramente doloroso ya sea accidental o deliberado.

El sufrimiento y el dolor se presentan de muchas maneras. Un día una mujer viajó muchas millas (más de 1000) para pedirme consejería matrimonial. Dediqué horas y días y también muchas millas sólo para escuchar «no eres capaz de arreglar nuestro matrimonio». Aun reconociendo que esa no era mi tarea, me sentí rechazado e indefenso, lo cual es difícil para mí. Mientras le pedía al Señor guía y paz, fui recompensado con otras varias parejas que vinieron en busca de ayuda y se fueron servidas y felices. Experimenté la presencia del Señor en cada situación y esa profunda alegría que proviene de amar.

El punto es: Jesús asumió nuestro sufrimiento en la Cruz. Y Dios el Hijo todavía dice: «sígueme». Nunca estamos solos en este viaje por la vida.

La muerte es el sufrimiento supremo, pero también es esencial y necesaria. Es la única puerta de acceso para llegar a la vida eterna. Incluso aquí, especialmente aquí, Jesús nos recuerda: «No temas, yo estoy contigo».

La resurrección de Jesús es la promesa de nuestro Padre Celestial de nuestra propia resurrección, estar con Dios para siempre. La Biblia dice: «En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser». Eso significa ahora, en el momento presente. ¿Por qué debería alguien estar triste al creer en la presencia y la promesa de Dios en este momento, hoy, no sólo en algún tiempo y lugar en el futuro?

¿No lo ve? La verdadera ALEGRÍA no es la ausencia de dolor o sufrimiento sino la conciencia de la presencia de Dios. Nuestra conciencia y aceptación de ser humanos, completamente humanos, hechos a la imagen y semejanza de Dios, nos brinda verdadera paz.

Recuerde al bebé recién nacido: es alimentado, cambiado y amado incondicionalmente. Totalmente libre y feliz, sin trabajo, sin preocupaciones, y nos trae tanta emoción y alegría. Así es como nuestro Dios amoroso nos ve y nos trata todos los días de nuestra vida. La Cuaresma y la Pascua son las estaciones de la Iglesia para recordarnos estos dones y misterios diarios.

¿Puede usted ver ahora por qué soy una persona tan llena de alegría? Únase a la «nube de testigos» de Aquel que nos ama – QUIEN ES AMOR.


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