El raro arte de escuchar

En una panadería todas las delicias azucaradas han sido colocadas de manera que podamos apreciarlas a través de una vitrina. Pero ¿quién se conforma con ver? Deseamos probar y nuestro paladar se prepara para ello. Porque el sabor no se aprecia con la vista. De la misma manera, escuchar con los oídos nos hace receptores de un mensaje, pero se requiere del corazón para llevar a cabo este raro arte de escuchar.

Escuchar con el corazón es una habilidad necesaria para poder construir relaciones sólidas, sin embargo, con frecuencia ignoramos la importancia de escuchar cuando intentamos comunicarnos.

Escuchar con el corazón es quitarme los anteojos que me hacen ver la realidad de acuerdo a quien soy yo, para tratar de comprenderla como la ve la otra persona. Es abrir una pequeña puerta hacia el universo interior de quien nos habla y explorar el misterio que encierra el otro para intentar conocer su propia experiencia de ser. Entendida de esta manera, la escucha requiere disponerse a recibir con aceptación y aprecio el regalo del otro.

A mí se me ha hecho difícil asimilar esto y aún lucho por superar mis barreras personales para escuchar, como mi tendencia a sugerir soluciones y dar consejos cuando, por ejemplo, mi esposo me confía sus preocupaciones. Otras veces me cuesta trabajo escuchar cuando nuestros hijos me hablan de sus tristezas e inseguridades. Enseguida se apodera de mí el impulso de calmarlos y minimizar la cuestión pues como madre quisiera verlos siempre contentos. Me resulta trágico reconocer que mis palabras tranquilizadoras tienen el efecto contrario, pues lejos de sentirse aceptados y acogidos en sus momentos de debilidad, se topan con mi rechazo implícito de su “yo” más profundo. Como si les estuviera diciendo: “estás mal, no es para tanto, no debes sentirte así”. (¡Y yo qué sé cómo debieran sentirse, si cada quien es como es, único e irrepetible!).

Por esto para mí escuchar con el corazón es un acto difícil que requiere de generosidad y paciencia para sobreponerme a mis propias expectativas y sentimientos respecto a lo que escucho. Con los anteojos de mi propia persona puestos, no puedo evitar juzgar si el otro tiene razón, si es correcto o lógico su pensamiento, o si estoy de acuerdo o no con su sentimiento. Sus palabras entrarán por mis oídos pero rebotarán en mi cabeza, sin llegar nunca a mi corazón. Sólo haciendo a un lado “mi yo” puedo acoger el regalo de la vivencia personal del otro, reconociendo que su experiencia es tan válida y sorprendente como la mía, aunque diferente.

Este nuevo esfuerzo de escuchar con el corazón me ha permitido conocer más profundamente, y por lo mismo, apreciar y amar mejor a las personas que me rodean, empezando con mi esposo y nuestros hijos. ¡Es realmente sorprendente cómo crece el amor que damos y el conocimiento que adquirimos de las personas que amamos, cuando las escuchamos!

Si queremos crecer en nuestra capacidad de amar, debemos ejercitar el corazón para escuchar.

Dominar el arte de escuchar puede requerirnos toda la vida. Pero aun cuando no seamos muy buenos en esto (como en mi caso), el solo esfuerzo por escuchar mejor puede mejorar nuestras relaciones considerablemente y convertirnos en personas más compasivas. Así que empecemos por tratar de escuchar sin interrumpir, sin tener el teléfono o la televisión al lado, sin apuros, sin querer arreglarle la vida al otro, sin juzgarlo, ni querer aleccionarlo.

Si queremos crecer en nuestra capacidad de amar, debemos ejercitar el corazón para escuchar. En otras palabras, no te quedes observando la vitrina ¡atrévete a degustar!


Citlalli Palomares

Citlalli Palomares

Citlalli Utrera Palomares es originaria de Veracruz, México. Ha vivido en Katy, Texas desde el 2002, junto a su esposo Carlos y sus hijos Bruno y Valeria. En el 2005, un fin de semana de Encuentro Matrimonial Mundial transformó sus vidas y desde entonces han servido en diversos roles dentro de ese movimiento católico. Citlalli obtuvo su Maestría en Administración Internacional en Central Michigan University y la Licenciatura en Administración en la Universidad Autónoma de Guadalajara. En 2016, abandonó 18 años de carrera en Marketing y Comunicación Corporativa para dedicarse por completo a vivir y promover los valores del matrimonio y la familia.

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