Lecciones aprendidas sobre sexualidad matrimonial

Para muchos matrimonios la relación sexual es un área problemática, ya sea porque después de los años se ha vuelto rutinaria, porque no es totalmente satisfactoria para los dos o porque cada uno la vive de manera diferente. Sin embargo, nuestra vida sexual seguirá siendo una parte importantísima en nuestra relación de esposos –aun cuando algunos intenten justificar la falta de pasión sexual argumentando tener «una relación más madura».

Lo cierto es que el amor conyugal se distingue de cualquier otro precisamente por su exclusiva dimensión de realización sexual para los esposos, y no darle la debida atención demerita la relación. Queremos compartir algunas lecciones que como pareja hemos recibido en nuestro caminar dentro de Encuentro Matrimonial Mundial, las cuales nos han ayudado a desarrollar una sexualidad de esposos más plena:

Nuestra sexualidad matrimonial incluye todas las formas en que nos relacionamos, el esposo como hombre, y la esposa como mujer. No se limita a nuestro encuentro sexual íntimo, sino que abarca toda nuestra interacción como pareja: el beso de despedida en la mañana, la caricia y ternura con que nos tratamos, el abrazo, las palabras cariñosas y hasta el mensaje de texto coquetón durante el día. Todos estos gestos son importantes en nuestra relación de esposos pues nos permiten permanecer enamorados y entusiasmados el uno por el otro.

La sexualidad es una parte integral de la persona que amamos. Amarnos uno al otro como amigos, esposos o padres, implica también que nos amemos con nuestros defectos y virtudes como amantes. En algún punto, nosotros decidimos aceptar el “paquete completo” y tomamos la responsabilidad conjunta de la relación sexual como “nuestra”, pues entendimos que es una expresión más de la pareja que somos. En lugar de individualmente indicar lo que necesitamos, lo que queremos, o lo que nos gusta o no, comenzamos a enfocarnos en el deleite que juntos podemos crear.

El acto sexual es un acto de comunicación. Es muy difícil llegar a un diálogo pleno «con todo el cuerpo» si no existe una comunicación y un diálogo abierto en todos los demás ámbitos de nuestra vida. Hemos notado que cuando uno de nosotros está experimentando inseguridad o baja autoestima en un área de su vida, le es más difícil tener una relación sexual plena. Muchas veces, solo compartir los temores y sentimientos con el otro, crea una mayor intimidad y aviva nuestro deseo sexual.

Nuestras relaciones sexuales mejoran cuando nos atrevemos a hablar del tema. Cuando aprendimos a comunicar quiénes éramos y lo que sentíamos sin temor a ser juzgados o rechazados, estuvimos listos para dialogar acerca de nuestras relaciones sexuales. ¡Hacerlo fue una gran bendición! Pudimos realmente saber qué piensa y qué siente el otro en esos momentos tan íntimos y descubrimos el maravilloso regalo en que nos convertimos, esposo y esposa, al entregarnos uno al otro. Ser conscientes de ese deseo y esa realización tan profundos solo puede tener un efecto: ¡querer dar más!

Dios quiere que los esposos tengamos una vida sexual plena. Desde el Génesis, la biblia describe al matrimonio como la unión en una sola carne: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne» (Gén 2, 24).

El papa Juan Pablo II en una audiencia general explicó: “El matrimonio (···) [es] sacramento en el que el hombre y la mujer, llamados a convertirse en «una sola carne», participan en el amor creador de Dios mismo. Y participan en él tanto por el hecho de que, creados a imagen de Dios, han sido llamados en virtud de esta imagen a una particular unión (communio personarum), como porque esta unión ha sido bendecida desde el principio con la bendición de la fecundidad.” (15 de diciembre de 1982).

Nuestra sexualidad, por tanto, nos lleva a realizarnos en nuestra vocación de esposos y como hombre o mujer. Los esposos estamos llamados a ser un signo visible, un reflejo del amor de Dios por la humanidad, ¡y qué mejor reflejo de ese amor apasionado, que un matrimonio abierto a dar vida, viviendo con deseo, atención y ternura su relación del uno con el otro!


Carlos y Citlalli Palomares

Carlos y Citlalli Palomares

Carlos y Citlalli Palomares, fundadores de esta publicación, son originarios de Tabasco y Veracruz, México. Se casaron en 1999 y tienen dos hijos, Bruno y Valeria. En Febrero de 2005, un “Fin de Semana” de Encuentro Matrimonial Mundial transformó sus vidas y desde entonces han servido en ese movimiento católico en diferentes capacidades como pareja presentadora, líderes locales y regionales, y presentadores del programa de liderazgo. Actualmente forman parte del equipo asesor del secretariado de Norteamérica.

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